Portada » Elegir repertorio: el delicado arte de no conformar a todos

Elegir repertorio: el delicado arte de no conformar a todos

Entre el deseo del director, la voz del coro y una decisión que siempre deja a alguien incómodo.

Elegir repertorio no es algo insignificante ni meramente técnico. Es una decisión artística, humana y estratégica, donde entran en juego gustos, expectativas, posibilidades reales y, muchas veces, tensiones silenciosas. Y conviene decirlo desde el inicio, sin vueltas: nunca se conforma a todos.

Ese es, quizás, uno de los grandes aprendizajes de la dirección coral. Elegir qué cantar implica asumir responsabilidades, sostener criterios y convivir con cierto grado de incomodidad. Porque tan importante como lo que cada coreuta puede cantar es el coro mismo como organismo vivo.

    Cuando la obra tiene que enamorar al director

    Hay una condición previa que no se puede negociar: la obra tiene que gustar al director.

    Necesita despertar interés, curiosidad, desafío. Que dé ganas de estudiarla, de dirigirla, de defenderla ensayo tras ensayo. Dirigir una obra que no genera compromiso interno suele notarse, aunque nadie lo diga explícitamente. En el gesto, en la energía, en la forma de encarar el trabajo.

    Elegir una obra que motive al director no es un capricho ni un gesto egoísta. Es, en realidad, un acto de responsabilidad artística.

      El coro no es abstracto: tiene cuerpo, historia y límites

      Después aparece la pregunta inevitable: ¿qué coro tengo delante?

      Porque no todos los coros pueden cantar todo, ni en cualquier momento. El perfil vocal, la experiencia previa, la homogeneidad, las edades, los procesos transitados y hasta el momento emocional del grupo influyen directamente en esa elección.

      Una obra atractiva puede resultar inapropiada si no dialoga con la realidad del coro. Forzar repertorio “porque me gusta” sin escuchar al grupo puede ser tan perjudicial como resignar toda búsqueda artística por miedo a incomodar.

      El equilibrio imposible (pero necesario)

      Aquí aparece uno de los puntos más complejos del trabajo coral: el equilibrio.

      Equilibrar lo que el director desea, lo que el coro puede y lo que el coro necesita no es una operación matemática. Es un proceso dinámico, frágil, que se ajusta con el tiempo y la escucha.

      A veces ese equilibrio se logra. A veces se tensa. Y muchas veces genera más estrés por las expectativas que por la dificultad musical en sí.

      Elegir repertorio implica aceptar que alguien quedará disconforme: quien esperaba algo más fácil, más desafiante, más conocido o simplemente distinto.

      La confianza en el criterio del director

      Hay algo que atraviesa todas las decisiones de repertorio y no siempre se nombra: la confianza.

      No todas las obras gustan desde el primer ensayo. Algunas generan dudas o resistencia, y eso no es un problema en sí. El problema aparece cuando no hay confianza en quien las propone.

      Cuando el coro confía en el criterio del director, puede animarse a transitar obras que al comienzo no entusiasman, sabiendo que hay un porqué detrás. Muchas veces, esas obras terminan siendo las más significativas del proceso.

      La confianza también se construye al decir que no y explicar los motivos. No se trata de convencer a todos, sino de ser claros y honestos. Un coro que entiende los porqués no necesita estar siempre de acuerdo: necesita confiar.

      Y esa confianza no se impone; se construye con coherencia y respeto mutuo.

      Elegir también es decir que no

      Decidir repertorio es, en gran medida, aprender a decir que no. No a ciertas obras. No a determinados pedidos. No a ciertos momentos.

      Y decir que no también es una forma de cuidado. No todo lo posible es conveniente, ni todo lo deseado es oportuno. La elección responsable considera no solo el resultado artístico, sino el proceso que el coro podrá transitar.

        Conclusión

        Elegir repertorio no es buscar consenso total. Es construir sentido.

        Cuando una obra interpela al director, respeta al coro y propone un desafío realista, algo se ordena, incluso en la incomodidad. Tal vez ahí esté el verdadero criterio: no conformar a todos, pero sí convencer desde la honestidad.

        Porque, al final, el repertorio no solo define lo que se canta. Define también el camino que el coro decide recorrer.

        -----------------